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La vacuna mexicana, en fase preclínica y sin recursos para avanzar

Emprendidos principalmente por universidades, estos proyectos cuentan con muy pocos recursos

Cd. de México.

La Secretaría de Salud no tiene una estrategia nacional ni aporta recursos para producir una vacuna mexicana contra el covid-19, al grado de que es el canciller Marcelo Ebrard quien, sin ser su competencia, está coordinando seis proyectos para obtener una vacuna elaborada por científicos del país.

Emprendidos principalmente por universidades, estos proyectos cuentan con muy pocos recursos y aún están en la llamada “fase preclínica”, en la cual se experimenta con animales y es el paso previo para probar el biológico en humanos.

Los científicos que realizan estos trabajos coinciden en que es un “asunto de soberanía nacional” tener una vacuna propia, pues actualmente México depende del extranjero al importar biológicos que resultan muy costosos y no siempre se adecuan a las condiciones del país.

La química Esther Orozco Orozco, a quien Ebrard le encomendó coordinar los proyectos, relata:

“Ebrard me invitó a participar en la consultoría científica de la Secretaría de Relaciones Exteriores. En esa labor nos agarró la pandemia. Fue entonces cuando Ebrard dijo: ´Hay que buscar en México a quienes estén trabajando para combatir el coronavirus´. Y así fue como localizamos a los grupos de científicos que están trabajando en seis proyectos distintos de vacuna”.

–¿Por qué la Cancillería y no la Secretaría de Salud?

–No podría contestar esa pregunta con la precisión que quisiera. Lo cierto es que nosotros estamos consiguiendo fondos internacionales para que nuestros investigadores avancen en sus proyectos. No son grandes cantidades, pero han resultado útiles. Desde luego que ellos están consiguiendo fondos en otras partes, cada quien como puede. Por ejemplo, los científicos de la Universidad de Querétaro realizaron un “vacunatón” para allegarse recursos y avanzar con su vacuna, pues no se puede trabajar sin dinero.

“Nosotros le allanamos el camino a sus proyectos, les damos apoyo logístico. Y para coordinarnos, dos veces al mes nos reunimos con ellos para ver sus avances, darles ánimo y hacer planes para el futuro. En esas reuniones participa Ebrard”.

Menciona Orozco los seis proyectos de vacuna coordinados por Relaciones Exteriores, emprendidos por las siguientes instituciones: la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), el Instituto de Biotecnología y el Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM, el proyecto conjunto emprendido por la Universidad Autónoma de Baja California y el Tecnológico de Monterrey, el del Centro de Investigación y Estudios Avanzados del IPN y finalmente el de la empresa veterinaria Avimex.

–El secretario de Salud, Jorge Alcocer, anunció que este 2021 México ya tendrá su propia vacuna, ¿lo ve posible?

–Sí, lo veo probable, aunque hay muchos impredecibles, por más que uno se plantée estrategias y cumpla rigurosamente con las metodologías, al final no se sabe, así es la investigación científica. Pero viendo los avances de los seis proyectos sí considero posible que para fin de año más de uno ya tenga una vacuna en la mano.

Por su parte, la rectora de la UAQ, la ingeniera bioquímica Teresa de Jesús García Gasca, opina sobre el punto: “Veo difícil que para este año ya tengamos una vacuna mexicana, aunque no imposible. Dependerá mucho de los apoyos que tengamos, tanto en recursos económicos como en logística y en el acompañamiento a nuestros proyectos”.

Por lo pronto, asegura García Gasca, “cada proyecto está luchando por conseguir sus propios recursos, pues no hay una estrategia nacional para el apoyo de proyectos, que debería generarse”.

La Secretaría de Salud –señala– todavía tiene cierta “confusión y desconocimiento” sobre los proyectos de vacuna y el “grado de avance” que llevan.

Y pone como ejemplo la falta de seguimiento a su proyecto de vacuna por parte de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), instancia que debería regular los trabajos.

“La Cofepris es la instancia regulatoria. Pero al menos en la parte que nos toca no se ha involucrado con nuestro proyecto de vacuna. No nos da un seguimiento como tal. Nosotros incluso hemos buscado a funcionarios de la Cofepris para que empiecen a apoyarnos, pero sin mucho éxito. Falta acercamiento y sensibilidad para conocer los alcances de cada proyecto”.

–¿Y no les resulta extraño que sea la Cancillería la que coordine sus proyectos?

–Sí, nos genera extrañeza, todos decimos lo mismo, puesto que a la Cancillería no le compete el área de ciencia y tecnología. Pero esa es la realidad. Y aunque no le corresponda, el canciller Ebrard está apoyando nuestros proyectos, manteniéndonos unidos y escuchando nuestros avances. Esto nos ha permitido tener un aprendizaje de grupo.

Por lo pronto, el presidente Andrés Manuel López Obrador ya propuso que la vacuna ganadora se llame “Patria”. El pasado 14 de febrero, en una conferencia de prensa en la ciudad de Oaxaca, dijo el mandatario: “Con todo respeto… vamos a sugerir que la vacuna nuestra se llame ´Patria´. Ya apartamos el nombre”.

Para García Gasca, sin embargo, “ponerle un nombre a la vacuna es lo de menos, lo importante es apoyar los proyectos”.

Mientras que la investigadora Edda Sciutto Conde, quien trabaja en el proyecto del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM, comenta entusiasmada que su biológico está diseñado con base en las moléculas de la proteína del virus, y va dando buenos resultados.

“A nuestra candidata a vacuna ya le hicimos las pruebas de seguridad e inocuidad. Demostró ser inocua. Produce una respuesta eficiente de anticuerpos. Ya la tenemos producida y formulada, lista para emplearla en humanos”, dice.

Su biológico –prosigue– se ha podido desarrollar gracias al apoyo y financiamiento de algunas instituciones de la propia UNAM, como la Facultad de Química y la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, así como de Laboratorios Alpharma, que apoya con su infraestructura y materiales.

Agrega: “Hemos sumado esfuerzos de muchos grupos de trabajo de distintas instituciones y laboratorios que se han incorporado a nuestro trabajo. Sin altos costos, hemos podido llegar a donde estamos”.

–¿Han recurrido a algún fondo específico de la Secretaría de Salud?

–No, no hemos pedido fondos de la Secretaría de Salud, porque hasta el momento no lo necesitamos. Hemos avanzado a través de la mecánica que le menciono.

A diferencia de la UAQ, Sciutto señala que la Cofepris es receptiva con su trabajo: “Está en la mejor disposición de apoyarnos”, comenta.

Por su parte, la investigadora Laura Alicia Palomares, quien trabaja en el segundo proyecto de vacuna de la UNAM, el desarrollado por su Instituto de Biotecnología, indicó que el año pasado tuvieron que suspender un tiempo sus trabajos debido a la falta de recursos. Luego los retomaron, apoyados por la Cancillería.

García Gasca afirma que a estas alturas de la pandemia ya es un asunto de “soberanía nacional” tener una vacuna propia, pues son los países productores quienes acaparan las vacunas y garantizan una mejor salud para su población. Mientras que los países importadores, como México, están pagando un mayor costo económico y de salud al comprar los biológicos a las trasnacionales. “La soberanía nacional también depende de la capacidad científica de un país”, asegura.

Sciutto Conde coincide: “Una vacuna mexicana tendría un costo más bajo. Incluso nos permitiría ir modificando su composición conforme se requiera, pues en cada país circulan cepas distintas del virus… México tiene sus propias necesidades; requiere, por lo tanto, de su propia vacuna”.

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