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“Nos tuvieron 3 horas a rodillazos y golpes”: asistente a marcha por Giovanni López

Testigo narra que fue llevado por elementos de la fiscalía tras manifestarse; el gobernador Enrique Alfaro se disculpa por el actuar de los agentes

Guadalajara, Jalisco.

“¡Córrele, porque si te alcanzo te voy a madrear!”, gritó el policía con un palo en la mano, Fer corrió hasta perderse en las calles de un poblado desconocido, ya con la noche encima. Fer es uno de los jóvenes levantados el viernes por elementos de la Fiscalía General de Jalisco (FGJ) para disolver una protesta afuera de sus instalaciones

Tiene 18 años, estudia una licenciatura en la UdeG y, como otros de sus compañeros, acudía a la concentración para exigir la liberación de los jóvenes detenidos arbitrariamente el jueves, en Guadalajara, durante la manifestación por el asesinato de Giovanni López, pero no pudo llegar al punto acordado porque cuadras antes se lo llevaron agentes ministeriales.

A unas cuadras de la scalía, Fer y cuatro de sus compañeros vieron que varios manifestantes venían hacia ellos, les dijeron que tuvieran cuidado, que había camionetas sin placas circulando con agentes vestidos de civil que se estaban llevando a quienes iban a la protesta. “Seguimos caminando y a una cuadra de la scalía vimos que llegaba gente golpeada y nos decían que estaba muy feo, que mejor nos fuéramos; en la acera de enfrente había unas 25 o 30 personas, nos quedamos en un paradero de camión y ya planeábamos regresarnos porque las cosas se veían mal”, relata.

Eran las 17:30 horas cuando comenzaron a llegar camionetas sin placas con personas encapuchadas a bordo que empezaron a llevarse a algunos de los que intentaban organizar la protesta. “La gente empezó a correr, mis compañeros y yo también, corrimos entre el tráco más de una cuadra cuando nos interceptó otra camioneta con gente encapuchada y chalecos antibalas; intenté subirme a un camión, pero subieron tras de mí y me bajaron”, recuerda. Lo que siguió fueron los golpes y el maltrato para subirlo a la camioneta: “¡Agachen la cabeza, cabrones, no miren alrededor”, gritaban los policías a quienes llevaban a “la jaula”, un cuarto con techo de lámina enrejado donde concentraron a los que iban deteniendo. Fer recuerda que donde estaba él había unas 30 personas, pero los policías hablaban de una jaula más. Ahí les quitaron algunas pertenencias, sobre todo los teléfonos celulares, y les dijeron que todo sería etiquetado y se los regresarían; quienes estaban a cargo eran ya policías con uniforme.

“Nos decían que nos pasaba esto por andar de revoltosos, que éramos ´desquehacerados´, que podríamos estar muy a gusto en nuestra casa y nos pegaban con la cara hacia la pared, nos tuvieron así unos 20 minutos, no nos dejaban hablar entre nosotros, hacía mucho calor por las láminas del techo y había gente deshidratada”, indica. Después los policías matizaron su discurso, les dijeron que los liberarían, pero insistían en que los habían detenido por revoltosos, por causar destrozos y los interrogaban sobre la identidad del sujeto que durante la protesta del jueves prendió fuego a un policía de Guadalajara.

‘De pronto les ordenaron ponerse en la, separaron a mujeres de hombres y les dijeron que caminaran agachados; quien se levantaba un poco recibía un golpe con un palo o un tubo; a los hombres los subieron en camiones blindados, a las mujeres en una camioneta. “Nos tuvieron al menos tres horas en ese camión, hostigándonos con rodillazos y golpes en la cabeza, estábamos totalmente torcidos y empezábamos a quejarnos; después nos empezaron a bajar uno por uno en distintos lugares, fui el último a quien bajaron”, relata.

Cuando se quedó solo, los policías siguieron amedrentándolo y por su mente pasó la posibilidad de que pudieran desaparecerlo, de pronto pararon para bajarlo del camión, lo patearon y tras él descendió un agente con un palo para amenazarlo. Fer corrió, no supo dónde estaba, la gente que encontró en el poblado no quería decirle nada, sólo le indicaron cómo llegar a la carretera, ahí comenzó a caminar y se topó con cuatro personas que también venían en el camión blindado. Entre las pertenencias que les dejaron los policías juntaron algo de dinero y tomaron un camión a Guadalajara, se percataron de que los habían abandonado rumbo a Chapala.Una hora después, Fer llegó a su casa, marcó a su teléfono y un desconocido le contestó, le dijo que había encontrado el aparato tirado en la calle, quedaron de verse en un lugar de la ciudad para recuperarlo. El testimonio de Fer —quien se identificó, pero pidió el anonimato— coincide con el de al menos otras dos personas que han publicado en redes sociales las versiones de lo que ocurrió.

Fuente: El Universal

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