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Ni el covid-19 pone freno al negocio de la cocaína

La mayor vigilancia instrumentada a raíz de la pandemia de covid-19 ha puesto en aprietos a los traficantes de cocaína, cuyas redes de contrabando enfrentan dificultades para distribuir la droga

Estados Unidos.

No obstante, el negocio se mantiene a flote, mientras comercios legales se detuvieron de manera abrupta o sobreviven con dificultad ante el aislamiento ordenado por las autoridades para evitar nuevos contagios.

De acuerdo con una investigación realizada por periodistas de una organización internacional que investiga casos de corrupción y crimen organizado (Organized Crime and Corruption Reporting Project-OCCRP), la industria global de cocaína, que mueve cerca de 2 mil toneladas al año y miles de millones de dólares, se está adaptando al coronavirus mucho mejor que cientos de negocios legítimos.

En México, por ejemplo, los cárteles que controlan el tráfico hacia Estados Unidos han prosperado bajo el confinamiento. Las incautaciones en la frontera aumentaron más de 12% las semanas anteriores y posteriores a que se declarara la emergencia sanitaria, según cifras de la Administración para el Control de Drogas (DEA) estadunidense.

La investigación de OCCRP destaca que la droga entra sin problema de Sudamérica a Europa y Norteamérica, porque nuevas rutas reemplazaron a las que fueron cerradas, mientras que la venta callejera se hace ahora en los propios domicilios. Y en algunos casos la crisis provocó un aumento de precios que beneficia a los traficantes.

En Colombia, el país con más coca en el mundo, la cuarentena y la erradicación en plantaciones han frenado parte de la producción. Las restricciones de viaje también obligaron al cierre de algunas rutas de exportación claves, como el uso de lanchas rápidas.

Además, en los grandes mercados de Europa y Estados Unidos, las autoridades incautan con frecuencia grandes cargamentos, señal de que los traficantes de drogas aún manejan un comercio dinámico.

Durante más de un mes, reporteros de OCCRP en Europa y América Latina rastrearon los decomisos, hablaron con autoridades y analistas, y contactaron fuentes ligadas al negocio de cocaína.

Los periodistas Cecilia Anesi, Giulio Rubino, Nathan Jaccard, Antonio Baquero, Koen Voskuil y Aubrey Belford, encontraron una industria ágil que ha desarrollado maneras de evadir órdenes globales de confinamiento y estados de emergencia sin precedentes. En un mundo donde incluso sectores clave como el petróleo están seriamente afectados, el mercado de la cocaína prospera.

Y a medida que algunos países inician una reapertura gradual, los traficantes pueden volverse más poderosos, pues con economías en dificultades y muchos negocios en ruinas, es posible que aquellos con efectivo a su disposición infiltren sectores aún mayores de la economía legal a precios de saldo, según la investigación.

El contrabando está por todos lados

En un principio la pandemia afectó la producción en los países sudamericanos donde se cultivan y procesan hojas de coca para fabricar la cocaína. Pero eso no ha reducido el comercio, porque la mayoría de las bandas de narcotraficantes almacenaron grandes cantidades de droga.

En Perú, de donde sale cerca de 20% de la cocaína que se consume en el mundo, bloqueos sanitarios impuestos por las mismas comunidades paralizaron los cultivos de coca y la fabricación de pasta base, según Pedro Yaranga, analista de seguridad peruano.

“Lo que en cerca de cuatro años no pudo hacer el ente rector de lucha contra las drogas, el coronavirus lo hizo en pocas semanas”, dijo.

El pasado 7 de mayo, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) señaló que en Bolivia, donde se siembra cerca de una décima parte de la coca mundial, el panorama se invierte, ya que en ese país el covid-19 “está limitando la capacidad de las autoridades estatales para controlar el cultivo del arbusto de coca, lo que podría conducir a un aumento de la producción”.

En Colombia, que procesa el 70% de la cocaína mundial, el panorama es más variado. La Policía Antinarcóticos ha erradicado más de mil 969 hectáreas de coca desde que el estado de emergencia arrancó, el 25 de marzo, indicó la UNODC a OCCRP.

“La percepción de la población es que [las autoridades] se aprovechan de la cuarentena y de que la gente está en la casa para erradicar [la coca]”, manifestó Jorge Elías Ricardo Rada, presidente de una asociación de pequeños campesinos en el departamento de Córdoba. “Nos quitan lo poquito que la gente tiene”.

En el Catatumbo, una región fronteriza con Venezuela, “el negocio prácticamente está paralizado”, informó Giovanni Mejía Cantor, un periodista independiente de Ocaña, la principal ciudad de ese territorio. Normalmente, en la zona se siembra en un año suficiente coca para fabricar 84 toneladas de cocaína pura, pero la reducción ha sido notoria.

“Las mismas comunidades salieron a las carreteras y armaron bloqueos para impedir que la gente pasara, por este cuento del coronavirus; no están dejando pasar a nadie”, sostuvo Mejía, y eso, abundó, ha obstaculizado la entrada de materias primas necesarias para elaborar droga, incluidas las hojas de coca, gasolina y acetona.

Sin embargo, el mayor grupo criminal del país no parece haber sufrido mucho. Los miembros del Clan del Golfo han recurrido a reservas acumuladas antes de la pandemia, así como a fincas cocaleras más pequeñas, que siguen funcionando y no requieren mucha mano de obra.

El bastión del Clan del Golfo se sitúa en Urabá, en el noroeste de Colombia, una región estratégica cerca de plantaciones de coca, laboratorios y puertos de exportación.

Esa organización criminal suele tener almacenadas en esta zona entre 40 y 45 toneladas de cocaína procesada, lo que equivale a cerca de dos meses de exportaciones, según un miembro del Clan del Golfo, quien se identificó como Raúl.

“Siempre se ha tenido una reserva. Es una cadena muy organizada. Es la forma de controlarlo todo, sobre todo el precio. Esto se encaleta (guarda) en playas como Tarena [cerca de la frontera con Panamá], en fincas bananeras, en la selva. Las caletas están regadas por todos lados”, añadió.

Un informe de inteligencia de la Armada de Colombia, obtenido por OCCRP en abril, también concluyó que es probable que los cárteles estén exportando cocaína que fue acopiada antes de la crisis sanitaria.

De igual manera, la Armada descubrió que los productores de cocaína se han adaptado fácilmente a los retos que plantea el traslado de su producto hacia Estados Unidos, su principal cliente.

Tradicionalmente los traficantes usan lanchas rápidas (go-fast), buques pesqueros y submarinos para llevar su mercancía al norte, pero con la cuarentena esto se ha dificultado, principalmente por razones logísticas, de manera que ahora los narcotraficantes vuelven a usar rutas más antiguas y lentas.

Con base en los testimonios de varias fuentes en el norte de Colombia, entre ellas Raúl y un cocalero, OCCRP logró trazar seis rutas nuevas o que fueron reactivadas y que se cree son usadas actualmente por los traficantes. Entre ellas figuran rutas hacia Panamá a través de zonas indígenas.

Algunos miembros de la etnia Kuna llevan la droga por tierra, mientras otros hacen cortos recorridos en embarcaciones pequeñas siguiendo la costa. En el Tapón del Darién, una espesa jungla en la frontera entre Colombia y Panamá, la cocaína es cargada a lomo, en caravanas de hasta 20 personas con morrales.

Las exportaciones a otro de los grandes mercados mundiales, Europa, ha sufrido aún menos cambios. A diferencia del comercio con Estados Unidos, la cocaína que viaja al Viejo Continente suele moverse en cargas aéreas y marítimas legales, sobre todo camuflada entre productos frescos como flores y frutas.

Estas últimas, como los artículos alimenticios en general, han circulado sin mayores barreras durante la pandemia, lo que ha ayudado de manera involuntaria a seguir nutriendo la adicción europea a la cocaína, un negocio ilegal de cerca de 9 mil100 millones de euros anuales.

La industria bananera de Colombia, por ejemplo, quedó exenta de las medidas de cuarentena, lo que ha facilitado que la cocaína siga fluyendo a través de la cadena de suministro de las plantaciones.

La tercera gran ruta de exportación de Sudamérica –donde la cocaína de Colombia, Perú y Bolivia llega por tierra al puerto brasileño de Santos, para luego atravesar el Atlántico– sigue funcionando, destacó Lincoln Gakyia, fiscal del estado de São Paulo a cargo de la lucha contra el crimen organizado.

El principal grupo criminal en Santos, el Primer Comando da Capital (PCC), logró mantener parte de sus proveedores y también ha recurrido a reservas propias locales, dijo Gakyia.

En México, los cárteles que controlan el tráfico hacia Estados Unidos han prosperado bajo el confinamiento. Las incautaciones en la frontera aumentaron más de 12% las semanas anteriores y posteriores a que se declarara la emergencia sanitaria, según cifras de la Administración para el Control de Drogas (DEA) estadunidense. Del lado mexicano, las cifras oficiales muestran que los decomisos de cocaína han bajado.

Los narcotraficantes han dejado el “método tradicional de mandar con frecuencia pequeños cargamentos a través de la frontera suroeste, para hacer envíos menos frecuentes, pero más grandes”, respondió la DEA en un cuestionario, agregando que no está claro si eso es un resultado del coronavirus o de otro factor.

Para algunos cárteles mexicanos, la crisis ha sido una oportunidad para lanzar campañas de relaciones públicas. Personas cercanas a estos grupos, como la hija de Joaquín El Chapo Guzmán, el capo de Sinaloa, se han mostrado en público distribuyendo alimentos y artículos esenciales a los pobres.

Mientras tanto, la violencia de las drogas en el país no cesa, cobrándose un promedio de 80 vidas diarias.

“Le podrán dar despensas a los amigos de la mamá del Chapo, pero esa caridad no resuelve el problema. Lo hacen para que la gente los vea con simpatía, pero no porque quieran o se preocupen por el bienestar del país”, advirtió Guillermo Valdés, exdirector de inteligencia de México.

En Europa, la pandemia se ha traducido en un aumento de grandes decomisos en puertos y ha acelerado la creciente importancia de España como punto de entada de la droga en el Viejo Continente.

En marzo y abril cayeron más de 14 toneladas de cocaína en España, en cargamentos que intentaban ser introducidos en el país. Es una cifra seis veces mayor si se compara con el mismo período del año anterior, dijo Manuel Montesinos, subdirector de Operaciones de Vigilancia Aduanera de la Agencia Tributaria.

“Estamos muy sorprendidos por el ritmo frenético”, explicó Montesinos. “Casi todos los días recibimos alertas de detecciones de operaciones sospechosas”.

Mientras que los puertos españoles viven un boom de envíos de droga, Italia parece haber desaparecido como punto de desembarco, a pesar de que es el hogar de los grupos mafiosos que dominan el comercio de cocaína en Europa.

Riccardo Sciuto, director de la Direzione Centrale per I Servizi Antidroga (DCSA), la agencia antidroga italiana, indicó que la cocaína que alimenta el mercado local ahora llega por carretera desde el resto del continente. Especificó que las incautaciones bajaron 80% en marzo y abril, en comparación con enero y febrero.

“Italia no ha recibido mucho, casi nada, a través de los puertos o aeropuertos, y eso es porque durante la cuarentena hemos estado controlándolos mucho”, dijo Marco Sorrentino, jefe del departamento antimafia de la Guardia di Finanza, la policía financiera.

Los grupos criminales italianos trasladaron sus operaciones a España, que por mucho tiempo han considerado una “colonia”, según Sorrentino.

En los grandes puertos del norte de Europa como Rotterdam (Países Bajos) y Amberes (Bélgica), los cargamentos siguen llegando como si nada, disimulados en contenedores con productos legales, afirman las autoridades.

“No nos hagamos ilusiones, los delincuentes seguirán adelante sin piedad”, recalcó Fred Westerbeke, el jefe de la policía de Rotterdam.

“Vemos aún más actividad en el puerto. En las últimas semanas hemos arrestado muchos receptores [de envíos de droga]. Son personas que vacían los contenedores de droga antes de que los encontremos”, advirtió, y añadió que desde que empezó la cuarentena han hecho más de 40 arrestos por ese motivo.

Tal vez por el aumento de las incautaciones, el precio callejero de la cocaína aumentó de 20 a 30 en comparación con el año pasado, de acuerdo con Sciuto, de la agencia antidrogas italiana. Hace un año, los grupos criminales europeos pagaban entre 25 mil y 27 mil euros por kilo de cocaína, y ahora alcanza de 35 mil a 37 mil euros, dijo. Indicó que en España la policía notó la misma tendencia inflacionaria.

Domicilios y Dark WebEn la calle, las medidas de confinamiento han hecho estragos en la venta de cocaína. Pero al menos en algunos casos los traficantes encontraron maneras de adaptarse que les abren líneas de alta rentabilidad, pues se aprovechan de la desesperación de los consumidores encerrados, indicó Sorentino, de la Guardia di Finanza de Italia.

“Aunque no les falta mercancía, han subido un poco los precios y la están ´cortando´ más”, abundó Sorrentino, refiriéndose al proceso de rebajar la calidad de la cocaína pura con sustancias más baratas.

En Roma, algunos vendedores y consumidores, señalaron que les costó varias semanas hasta encontrar nuevos métodos de distribución, pues las estrictas medidas de aislamiento suponían un riesgo demasiado alto para el comercio habitual.

Ahora la droga se camufla en envíos de comida a domicilio o se entrega a través de servicios de mensajería, que tienen permisos especiales para circular en este periodo. Algunos vendedores también se ocultan en las colas que se forman frente a los supermercados por las medidas de distanciamiento social. Éstas, hasta principios de mayo, eran de las pocas reuniones públicas autorizadas en Italia.

Las restricciones por la emergencia sanitaria también aumentaron el comercio electrónico en la Dark Web, esa zona de internet que es invisible para los motores de búsqueda y sólo accesible a través de un programa especial que oculta la identidad de los usuarios.

“Hemos visto un aumento del uso de la Dark Web también en Italia, y hay ahora ´coronasaldos´ –descuentos por la pandemia“, destacó Sorrentino. Y agregó que hay ofertas especiales sobre grandes cantidades, lo que indica que se dirigen a vendedores al por mayor y no a particulares.

En los principales mercados clandestinos de la Dark Web las ventas han aumentado cerca de 30% desde que se impusieron medidas de aislamiento obligatorio en buena parte del mundo, afirmó Giovanni Reccia, jefe de la Unidad Especial para la Prevención de Crímenes en Línea de la Guardia di Finanza de Italia. Los principales vendedores están en los Países Bajos, Alemania y el Reino Unido, añadió.

Al igual que antes de la pandemia, la cocaína representa el 15% de todas las ventas de drogas en la Dark Web, por detrás de la mariguana, que acapara un cuarto del mercado de drogas ilegales en línea.

Según Sorrentino, de la Guardia di Finanza, lo que puede pasar con la situación actual es que los grupos del crimen organizado salgan de la crisis con mucho dinero, en medio de una situación económica donde todos los demás están en dificultades.

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